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FACAO-Federació d'Asociacións Culturáls de l'Aragó Oriental

ÚLTIMA LLAMADA

ÚLTIMA LLAMADA-Jesús Martínez

No hace mucho, en un trabajo titulado “Por qué creer en la astrología científica”, avisaba de la gran catástrofe que se avecina para la humanidad. Catástrofes anunciadas entonces por una “cruz cósmica” detectada por científicos astrólogos, para el 11 de agosto del año 1999. Se podía leer cómo, desde esa fecha, se hicieron más patentes las catástrofes que, de manera creciente, han asolado nuestro planeta Tierra. Esa tierra que las diferentes cosmogonías, de una u otra forma, la han representado y llamado: La Madre Tierra, La Gran Madre, Ceres, Gea, Pachamama y un sinfín de nombres, hasta llegar a la denominación Urantia en la cosmogonía del mismo nombre.

Según me informó mi querido Sebastián, desde La Plata (Argentina), en cierto periódico apareciió una noticia dada por astrónomos, no por los astrólogos.

Avisan que, en el año 2013, las manchas solares sufrirán ciertas alteraciones que influirán drásticamente sobre la humanidad. Concretamente sobre las comunicaciones y en cuanto tenga que ver con el espacio, incluidas las comunicaciones vía satélite.

Hagamos un poco de historia. En el año 1992 comenzaron una serie de eventos catastrofistas  naturales en todo el mundo. Catástrofes que los científicos, tanto geólogos como sismólogos o vulcanólogos, no sabían a qué se debían. Terremotos, maremotos, sulamis, erupciones volcánicas insospechadas... No eran la causa las placas tectónicas ni otras de este tipo. Ciertos científicos terminaron por decidir que, posiblemente, se debían a “la influencia de unas determinadas alineaciones planetarias o a alteraciones de las manchas solares”. Fue entonces cuando un grupo de los mencionados científicos, se percataron de la Cruz Cósmica a la que me referí al principio. La Cruz que los Escritos Sagrados anuncian para “el fin de los tiempos”, así como el descenso de natalidad hasta llegar a la absoluta supresión de este hecho.

En ese año 1992 astrólogos científicos habían pronosticado el incremento de calamidades en todo el mundo. Astrólogos que seguían la ciencia de antiguos presas, caldeos, griegos y romanos. Astrólogos que, como a Paracelso o al español Ramón Lull, llamaron despectivamente locos cabalistas.

No solamente las catástrofes naturales sufrieron ese incremento. También las guerras se prodigaron por todo el mundo. Eran guerras localizadas en diferentes naciones. Pero guerras que conformaban una especie de guerra mundial por zonas. Como consecuencia las maldiciones de los cuatro Jinetes del Apocalipsis comenzaron a despertarse actuando sin piedad.

Unos hechos que, más de 30 años atrás, habían pronosticado “ilusos soñadores”, según los mensajes que decían recibir de unos “misteriosos maestros del espacio”. Unos seres que, cual los arcángeles de la religión católica, tenían por misión anunciar sucesos trascendentales y vitales para la humanidad, como lo fue en su tiempo la concepción de la Virgen. En el referido tiempo de los “maestros del espacio”, veíamos todos muy lejanos los acontecimientos que pregonaban. Como no dábamos por veraces las comunicaciones, no creíamos tampoco en los contenidos. O no queríamos creer. La mofa era general. Como se burlaron de las conminaciones en la destrucción de Sodoma y Gomorra. Como se burlaron de los profetas bíblicos. A los profetas en la antigüedad los lapidaron y a los científicos y descubridores digamos modernos los enviaron a la hoguera, como sucedió al científico Miguel, todo sucedió y sucede por miedo a una “rotura de esquemas establecidos”.

Unos heraldos del espacio cuya divisa era “amar”. Sólo el sentimiento del amor podría salvar a la humanidad. Amor para todo lo creado. Un sentimiento que debía hacer al hombre colaborador de Dios en la creación. Sin embargo el ser humano, a caballo de los llamados pecados capitales, ha malogrado los designios divinos, convirtiendo este mundo, su mundo, en el reino de lo material. En una palabra, en el reino de lo maligno.

(Unos enigmáticos maestros que enseñaron los rudimentos de la agricultura y demás artes a pueblos sudamericanos y a pueblos de las diferentes partes del mundo. Controvertidos seres que fueron tenidos como dioses y que, al parecer, nos vigilan desde la noche de los tiempos. Modernamente se creo una especie de religión dentro del catolicismo. Se creó tras la aparición de la llamada “Ufología Mesiánica” a finales de los años sesenta, cuando, el peruano Carlos Paz fundara Fraternidad Cósmica. Organización mundial fundamentada precisamente  en la conjugación del verbo “amar”.)

El humano hace desaparecer especies tanto vegetales como animales. Imbudo la más exacerbada depravación, mata sin piedad especies que ya están en vías de extinción. Masacra, impertérrito y con morboso placer, focas y tiburones, esquilma las reservas naturales en la tierra y en el mar. Contamina tierra, mar y aire con basuras de todo tipo, generando y propagando residuos tóxicos. La Gran Madre Tierra ya es un lugar prácticamente inhabitable. El agujero de ozono es cada vez mayor, ante la impasible mirada de los grandes contaminadores, como  tributo a la imagen de su dios: el dinero. La culpa la tienen los sprays y los fumadores

El físico Hopkins, el de las teorías sobre los “agujeros negros”, lo dijo hace poco: “El ser humano puede ir buscando otro lugar que el espacio para vivir”. Dijo Einstein: “Cuando las abejas mueran, el hombre comenzará a morir”. Bien sea por el “cambio climático” o por otras causas, es un hecho que hace algún tiempo se está haciendo realidad. La Tierra, la diosa Gea, es casi inhabitable por culpa de los hombres. El equilibrio cósmico del que hablaron Pitágoras y Plantón, el equilibrio entre pensamiento y materia, está roto.

Mientras escribo estas líneas, recibo un boletín que periódicamente me envían. Concretamente el 22 de junio del corriente año 2010. Dice así la presentación:

“El Sol está despertando de un letargo profundo y, en los próximos años, se podrían observar niveles de actividad solar mucho más elevados. La NASA está atenta a lo que pueda suceder en el Sol. Mientras tanto, se lleva a cabo una reunión en Washington D.C. para debatir sobre las posibles consecuencias de las tormentas en el espacio.”

Es curioso comprobar que los modernos astrónomos y científicos, nada menos que de la NASA, han llegado a la misma conclusión que los científicos de hace más de una década. “Las manchas solares”. ¿Cuánto tiempo hace que la NASA conoce estos hechos?. ¿Cuánto tiempo hace que los conoce el gobierno americano y, por lo tanto, ese gobierno oculto de iluminados que gobierna todos los gobiernos del mundo?. Posiblemente es rizar el rizo. Solamente pretendo exponer pensamientos consecuentes. ¡Estoy harto, hastiado y escarmentado de ocultaciones, mentiras y falsedades políticas y religiosas para manejar a la masa!  Es obvio que alguien en la sombra manipula los destinos mundiales. Es preciso carecer de escrúpulos y sentimientos positivos hacia la humanidad para, con diabólica crueldad, sacrificar el destino de la humanidad en aras de una

consigna de poder. El establecimiento de un nuevo orden mundial. El establecimiento de una sinarquia política y religiosa que muy pocos llegan a vislumbrar y que no pueden expresar. A quienes lo hacen se les llama locos, ilusos, visionarios y cabalistas.

Si las predicciones científicas, avaladas por las llamadas paraciencias, llegan a hacerse realidad, es horroroso pensar en lo que se avecina.

Un mundo completamente paralizado. Los satélites de comunicaciones dejan de funcionar. Los demás satélites, incluidos los de logísticas armamentistas, dejan también de funcionar o enloquecen. Internet no funciona. Las bases de datos se destruyen. Los aeropuertos y demás medios de transporte, al tener como base los ordenadores, quedan paralizados. No hay suministros de lo más indispensable. El caos sería tétricamente inimaginablelos. Es el  Amagedon descrito en el Apocalipsis (capítulo 16, versículo 16). La última de las batallas entre el bien y el mal. El libro en el que se habla de ángeles que tocan trompetas y rompen sellos. Es el fin de todos los tiempos. Las profecías de los textos sagrados lo sitúa al comienzo de este milenio. También calendarios milenarios, como el Maya, coinciden en esta predicción. Los Mayas, un pueblo de una excepcional cultura de la que muy poco se sabe. Eran conocedores del sistema binario que hoy se usa para la programación informática.

Quiero dejar muy claro que no soy en absoluto catastrofista ni creo en augurios de gente que no tiene ni facultades ni base alguna en la que sustentar sus interesadas peroratas de engañabobos. Simplemente la observación de hechos palpables y la lectura de textos del todo consecuentes. Puede suceder como con la descripción de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Hasta que no arrojaron la primera bomba atómica sobre Hiroshima, no supimos entender lo que realmente se describía en este episodio. Hasta que los primeros astronautas describieron lo que vieron a través de las ventanillas de la nave, no entendimos lo que relataba el bíblico libro de Enoch.

“...Hay un tiempo para reír y un tiempo para llorar, un tiempo para vivir y un tiempo para morir...” ¿Estamos aún a tiempo de tomar las medidas pertinentes para sobrevivir aquí?.

El camino que hubo de seguir el hombre, es un camino con dos tramos. En el primer tramo debió entonar un profundo “Miserere mei Deus” como el rey David.

Misericordia por los millones de niños explotados en todo el mundo y en más diversas áreas, incluidas las sexuales.

Misericordia, Señor Dios, por la depravación mundial. La de Sodoma y Gomorra sólo eran locales. Incluso hemos promovido leyes y normativas para protegerla. Misericordia por la continua “obra contra natura”.

Misericordia por las guerras promovidas o consentidas con fines de poder personales.

Misericordia por los homicidios, masacres y genocidios cometidos sin piedad ni misericordia. Sin el mínimo remordimiento. Antes bien, con gozo y complacencia.

De lo más profundo suplico misericordia por el hambre promovida o consentida.

Recabo misericordia por las pestes y enfermedades provocadas o consentidas, usando incluso cobayas humanos.

Apelando a Tu gran misericordia, la suplico por la crueldad sin límites hacia mis semejantes y hacia todos los seres vivos e inertes, por unas mezquinas querencias personales repletas de egoísmo, avaricia e injusticia.

Pido misericordia por renegar de mi sangre, pisoteando el sagrado deber hacia mis padres y hacia mi patria.

Misericordia, en fin, por reprimir y castigar ternura.

El segundo tramo del camino sería el Amor. Amor a todo lo creado. Tanto a lo inerte como a lo que tiene vida, animales y plantas. Amor a los semejantes, sin distinción de credos, razas o clases sociales. El mismo Amor del mandamiento del Dios-Cristo de los cristianos. “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. “Lo que hiciéreis a una de mis criaturas, a mí me haceis”.

En el budismo hay un camino hacia iluminación, hacia “el estado de buda”. El mismo estado conocido por santidad. El camino budista se llama La Bodichita. Consiste en amar al peor enemigo como si fuera la propia madre.

El ser humano ha convertido la Tierra en un infierno, cuando pudo ser un cielo. La ha hecho inhabitable en todos los órdenes. Por último “ha matado a Dios, a Lo Divino”. No literalmente, claro. Ha matado la divinidad que, desde que fue hombre, llevó dentro. Al matar a Dios, se niega a escuchar su palabra creadora y transformadora.

Una vez muerto su verdadero Dios, gritó: “¡Dios ha muerto. Viva el nuevo dios!”. Y creó una divinidad a su acomodo. El bienestar material y como representante el excelso dinero. El infierno se desató.

En la primera película “Ángeles y demonios” (después ha habido otras versiones), el alcance Gabriel dice estas frases:

“El tormento del infierno no es el aceite hirviendo ni las cadenas. El verdadero tormento es no ver a Dios y no escuchar sus palabras” (El verbo creador).

En esta película los ángeles se sublevaron días.contra Dios, “porque les había dado alma a unos monos”.

Queridos y pacientes lectores. Esta puede ser la última llamada por medio de los heraldos del siglo XXI, en sustitución de los parabólicos o metafóricos ángeles del Apocalipsis, portadores de trompetas y rompedores de sellos.

La Tierra, un ser vivo en el espacio, en un estremecedor grito agónico se queja. Se une al último aviso. El misterioso cambio climático cada vez mayor. La diferencia entre el norte geográfico y el norte magnético es peligrosamente cada vez mayor. El hielo del polo sur se funde. Los continentales icebergs están desapareciendo. La acumulación de agua puede acelerar la diferencia de los mencionados nortes. Hace millones de años el eje de la Tierra basculó y lo que es desierto fue un frondoso vergel. ¿Ha llegado el momento de ese cambio que una mutación sorprendentemente rápida como entonces?.

Ojalá me equivoque. Fervientemente losus deseo. Pero los síntomas de la enfermedad. ¿Cuánto tiempo nos queda?. ¿Una década?. Los hechos parecen demasiado elocuentes. Unos hechos de “punto final” que según los maestros cósmicos, inspiradores de civilizaciones, sucedieron ya en otros mundos y por causas similares.

Se me ocurre una última pregunta:

¿Fue el diluvio universal un inmenso tsullami?.

Estoy convencido de que en algún lugar nos encontraremos.

Hace poco leí este bello texto::

 “Las almas son como gotas de agua que, cayendo de una misma nube, a veces chocan y se funden en una sola gota antes de tocar el suelo”.

Como final sólo me resta decir:

¡Llora, llora humanidad!. Llora de arrepentimiento. Llora con la garganta ahogada en un sollozo de emociondo amor universal. Que ese sollozo pueda servir para hacer variar los inexorable designios del equilibrio universal. Que convulsione las leyes de equilibrio cósmico dadas en la magna obra de la creación. Unas leyes que el diabólico ser humano ha quebrantado. El relojero construye los relojes para que funcionen correctamente. Si se estropean por un uso indebido o inadecuado, es problema del usuario. ¡El humano aún tiene la desfachatez de culpar a Dios de los males que le aquejan, una vez habrá negado de Él y de su palabra.

Es la hora, acaso tardía, de comenzar a tomar las medidas oportunas, ante un estremecedor futuro.

 

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