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FACAO-Federació d'Asociacións Culturáls de l'Aragó Oriental

El tiempo y la distancia - Jesús Martínez Fabón (Torrevelilla, Teruel)

Esporádica y misteriosamente aparecen seres excepcionales, tocados por el dedo divino del Creador. Seres que saben leer lo que es ilegible, interpretar lo interpretable y explicar lo inexplicable para las demás mentes. Seres que hacen aflorar a su cerebro, a su mente, lo que está escrito en su alma. Lo expresan mediante una enigmática representación en sus obras, como sucede con los símbolos que llenan la vida humana. Como sucede en el estado de inconsciencia, en el sueño por ejemplo, que el inconsciente y subconsciente envían al consciente sus mensajes mediante símbolos.

Uno de esos seres, por citar un ejemplo, fue el pintor aragonés Francisco de Goya. En sus cuadros, sobre todo en sus tétricas pinturas, los rostros y posturas de los personajes reflejan unos sentimientos y emociones difíciles de explicar convenientemente. Son las propias emociones del alma del artista. Son la afloración en su mente de lo escrito en el alma.

Científicamente, uno de esos personajes fue Albert Einstein. Culminó sus expresiones con una formula todavía no interpretada ni explicada convenientemente: “E=mc2”.

Palabras del sabio Einstein, refiriéndose a que el humano sistemáticamente rechaza lo que no entiende como muestra de su prepotencia: 'Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición por parte de mentes mediocres.'

Efectivamente, de todos es conocida la historia de los más eminentes inventores, descubridores, investigadores y estudiosos. La mente humana, como camino más corto y efectivo de eliminación, usa la mofa y la ridiculización. Cuando no, recurre al suplicio y a la muerte, como sucedió a Miguel Servet, a manos de los herejes calvinistas.

Son muchas los razonamientos vertidos acerca de la mencionada fórmula de Einstein. Una explicación y significado que el iluminado se llevó con él a otra existencia.

Una interpretación de las decenas de interpretaciones y explicaciones a través de la historia, en síntesis es la siguiente.

El libro El Vórtice (The Vortex en inglés) (1994) de David Ash y Peter Hewitt trae, entre otras cosas, una explicación científica de la materialización. Comienzan con la fórmula de Einstein, E=mc2, la que muestra, según ellos, que la energía ‘E’ es igual a la masa ‘m’ multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz ‘c’.

 Ash y Hewitt preguntan: ¿por qué debe la velocidad del vórtice limitarse a la velocidad de la luz? Proponen que si la velocidad del vórtice excediera la velocidad de la luz, entonces una persona, o cosa, entraría en una nueva dimensión, la superenergía, un mundo nuevo.

Algunos ejemplos los encontramos en la Biblia y aún antes. Se trata de las apariciones y desapariciones de personas. Como Jesús, El Maestro, apareciendo y desapareciendo ante una muchedumbre. Se refieren a la conversión de materia en energía y viceversa. Un fenómeno que curiosa y frecuentemente se da en casos paracientíficos, sobre todo en parapsicología. Es muestra de una de las capacidades de las que el ser humano carece en su actual plano existencial. “Materialización y desmaterialización”.

Pero en esa nueva dimensión la persona, o cosa, sería tan sólida como tú y yo lo somos en nuestra dimensión. La única diferencia es que los vórtices girarían a velocidad mayor que en el plano terrestre, dicen Ash y Hewitt.

El ojo humano, en el plano terrestre, no puede ver nada de la nueva dimensión (a menos que sea un verdadero y bien dotado clarividente-sensitivo, como los personajes a los que me he referido), porque nuestros ojos pueden ver solamente objetos o personas cuyos vórtices no giren a la velocidad de la luz. Se afirma que una persona o cosa en el estado superenergético podrá penetrar una pared de ladrillos en esta dimensión. Esto es porque los átomos de la pared de ladrillos están girando a mayor velocidad que la luz y quien lo atraviesa a igual o mayor velocidad de la luz.

Se consigue automáticamente aumentando y disminuyendo las vibraciones.

En algún lugar dijimos que el animal humano posee una frecuencia vibracinal única, que le confiere un poder sobre todos los demás seres creados con vida propia, mayor que la de cualquier animal y estos, mayor capacidad vibracinal que la de cualquier vegetal. El único ser capacitado, por este motivo, para poseer inteligencia, para poseer espíritu y alma individual es el ser humano, que tiene una capacidad vibracinal de las células cerebrales única.

No me quiero perder en complicadas y aburridas consideraciones científicas. Solamente quiero decir que Ash y Hewitt dan muchos ejemplos de materializaciones y desmaterializaciones bien documentadas. La materialización es consecuente y consistente con el argumento de que la vida continúa después de la muerte física, por el hecho de la frecuencia vibracinal de las moléculas humanas y por poseer espíritu y alma. Aquí entra de lleno el estudio del fenómeno parapsicológico llamado “fantasmogénisis”.

Son herramientas que, en su infinita sabiduría y justicia, colocó el Supremo Hacedor en el alma del privilegiado ser humano para que él las descubriera en su momento, cuando estuviese preparando y mereciese el conocimiento, la parte de la sabiduría que guarda la Naturaleza puesta a su servicio. Pero no antes ni después. Iremos viendo otras herramientas de este otro mundo existencial del ser humano.

Otra de las aportaciones científicas surgidas del alma de Albert Einstein, madurada en el consciente de su cerebro privilegiado para ver e interpretar lo invisible y lo no interpretable, fue la Teoría de la Relatividad, cuyo eje central es también la velocidad de la luz, el tiempo y la distancia. La distancia que mide el hombre por el tiempo que dura la rotación de La Tierra alrededor de su eje, tomado como referencia la luz del Sol, la estrella más cercana y que es la impulsora de la vida. Amplió sus mediciones al movimiento de traslación de su planeta, apareciendo las estaciones primavera, verano, otoño e invierno.

¿En el espacio, en el ignoto cosmos, donde el Sol es menos que un grano de arena, qué sucede?.

Sin perdernos en complicadas explicaciones científicas sobre la relatividad de Einstein y en las dos clasificación de la misma, veamos esa relatividad en nuestra vida cotidiana.

Pregunto:

¿Es igual el tiempo transcurrido en el sillón del dentista o la espera de una inmediata intervención quirúrgica, o soportando un intenso dolor en cualquier parte del cuerpo, que el tiempo transcurrido viendo una interesante película de humor o charlando con unos amigos en la barra de un bar o, incluso, junto a la persona amada?. En unas ocasiones, el mismo tiempo, es larguísimo y en otras parece que han transcurrido sólo unos instantes y exclamamos “¡Cómo pasa el tiempo. Es tardísimo!”. ¿Ve pasar el tiempo de la misma forma un niño, un joven o un adulto o una persona mayor?. Podemos decir que es una inconsciente y corriente manifestación del fenómeno llamado “contracción y dilatación del tiempo”. Un fenómeno que posiblemente volveré a comentar de forma diferente y explicita, con hechos reales en los que, por ejemplo, 15 minutos equivalen a varios días en la realidad terrestre, y varios días corresponden a una realidad de unos pocos minutos. Hechos paranormales, fuera de la normalidad, de los que no hablo “de oídas”, sino que algunos fueron por mí investigados en su momento en la llamada “investigación de campo”. No es suficiente la teoría cuando se quiere adquirir conocimientos sobre algo.

Solemos medir la distancia con respuestas de tiempo. Si se nos pregunta a qué distancia está tal o cual lugar, con frecuencia respondemos: “a 10 minutos”. Pero a 10 minutos, cómo ¿andando o en automóvil?. Una de nuestras naves espaciales, en ese tiempo, puede encontrarse a miles de kilómetros de la Tierra. Los astronautas, ¿sufren, de alguna forma, el efecto o los efectos de la contracción del tiempo en el espacio?. Por lo que he leído,si, y mucho. Aunque se han ido poniendo medios para subsanar en lo posible este problema.

Cuando el humano, a todas luces sin estar preparado interiormente, sin el equilibrio requerido entre espíritu y materia, se puso a jugar con la energía nuclear sin entenderla ni mucho menos dominarla, porque su cerebro no era el de Einstein,  cuando con precarios motores de impulsión a propulsión, osó comenzar la “la aventura espacial”, al parecer no tuvo en cuenta las aseveraciones del sabio matemático, físico y filósofo. Como es ya corriente, tanto la aventura espacial como el juego atómico, en ambos casos fueron emprendidos con fines bélicos, para convencer al potencial enemigo de su poderío defensivo y ofensivo. En cuanto a la aventura espacial, sólo han conseguido los humanos, poner el pie en el jardín de su casa: La Luna. Es infinito el campo que hay más allá. Infinito como producto del infinito Creador.

La Luna. No quiero entrar en polémicas sobre este tema. Pero, ¿fueron los estadounidenses los primeros en visitar nuestro satélite?. ¿Visitaron los rusos, bastante antes, la “cara oculta”?. La Luna, por cuestiones astronómicas, siempre nos muestra la misma cara iluminada. La otra cara permanece siempre en la sombra. Lo más importante es ¿cuántas vidas costó el entrenamiento y prácticas para el gran viaje?. Tenemos conocimiento de terribles accidentes después de este viaje espacial tripulado.

En cuanto a la energía atómica. ¿Cuántos cruentos accidentes han sucedido en las centrales nucleares del mundo?. ¿Recordamos el accidente en Rusia?. ¿Y el actual accidente del Japón?. Las potencias europeas se están planteando volver a las centrales térmicas. Decisión que están esperando con ansias los pueblos españoles de las cuencas mineras del carbón, como por ejemplo la turolense Aliaga.

Sabido es que con una carga atómica del tamaño de un mechero podría funcionar un automóvil o una cocina de hogar toda la vida y aún sobraría bastante carga. ¿No se habla tanto de energías alternativas?. Pero el petrodólar pesa mucho y los países árabes también, pues llenan los bolsillos de los políticos. Además, muy importante, primero es necesario conocer y dominar la energía atómica y el problema de la radioactividad.

¿Qué ocurre cuando  las distancias  se parecen  a lo que se consideraba infinito?.

El Creador, Dios, no  juega a los dados. Recuerdo las palabras de Louis Pasteur: “Un poco ciencia, o ninguna, aleja de Dios. Mucha ciencia nos aproxima hasta darle la mano”.

El Creador, Dios, es ante todo infinitamente justo. Si hizo al hombre con una limitada inteligencia, era lo adecuado para existir en el plano en el que lo creó. Cuando, en el paraíso terrenal, dijo Dios “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, opino que no solamente se refirió a la subsistencia material. Debía evolucionar por sus propios medios y encontrar lo escondido en el camino en pos del conocimiento y de la sabiduría. Solamente unos pocos hombres de ciencia lo consiguieron, dejando aparte a los anacoretas y cenobitas que supieron buscar y escuchar en el silencio la palabra de Dios, del Creador. ¿Qué ha hecho el hombre con el poder sobre sus semejantes?. Ganar un millón de panes con el sudor del de enfrente.

En esa evolución, pues, dio al hombre unas herramientas ocultas que las diferentes creencias y religiones tildaron de heréticas y brujeriles. Bien sea porque el prepotente ser humano rechaza todo aquello que no entiende o porque lesionaban las doctrinas y postulados.

Nos olvidamos de que la palabra Santo significa Sabio. Por eso en otras culturas a los “santones vivientes” se les llama también “hombres sabios”. Se buscan sus filosóficos consejos y también sus bendiciones.

Sí, amables radioyentes. Le dio unas herramientas, también ocultas, que diferentes creencias y religiones tildaron de heréticas y brujeriles. Tal vez, parcialmente, porque el prepotente ser humano rechaza todo aquello que no entiende. También porque lesionaban sus doctrinas y postulados.

¿Qué ocurre cuando  las distancias  se parecen  a lo que se consideraba infinito?.

¿Qué sucede cuando hablamos de “años luz”?. Sabemos por nuestra “ciencia terrenal” que, aunque no es igual en el espacio, sabemos digo, que la luz se propaga aproximadamente a 3000 metros por segundo. Si multiplicamos los segundos de un año, si mi cerebro y mi calculadora no me engañan, el resultado es el siguiente. Un año de 365 días es igual a 31.536.000 segundos. Multiplicado por la velocidad de la luz, 3000 metros por segundo, es igual a 94.608.000.000 metros o 94.608.000 km. (noventa y cuatro millones seiscientos ocho mil km). Pero ¿y si lo multiplicamos por 100 o por 1000 años luz?. La cifra resultante es mareante. Conforme añadimos ceros al multiplicador, la cifra en kilómetros se vuelve prácticamente ilegible. La pobre calculadora no puede con ellas. Pero son cifras de años luz a las que corrientemente se refieren nuestros astrofísicos y astrónomos. Son las llamadas “cifras astronómicas”.

El planeta tierra dista del sol 150 millones de kilómetros.

Nuestra pequeña galaxia en espiral, “La Vía Láctea” tiene, aproximadamente, 100 millones de años luz y un espesor de 5 millones de años luz. Si hacemos números, como digo, será muy complicado leer las cifras resultantes en kilómetros. ¿No sería esto “una eternidad”? Pues bien, son estimaciones de nuestros terrestres de nuestros astrofísicos. El color blanquecino lechoso, al que debe su nombre, son millares de estrella que están a tal distancia que no podemos percibir su luz como ocurre con las estrellas más próximas, aunque estén a miles de años luz.

De esta manera, hay estrellas y galaxias que hace miles de años que no existen. Están a tal distancia que todavía las vemos, vemos su luz y la seguiremos viendo durante milenios.

Si a un gusano del campo se le pudiera decir que 100 metros más allá hay otro gusano, ¿no sería para él una distancia equivalente al infinito, a una eternidad?.

¿Qué ocurre con el tiempo y el espacio cuando hacemos viajar el sonido a través de corrientes eléctricas o electromagnéticas, como sucede en esta emisión de radio?. El sonido se desplaza a 343 metros por segunda. Pero vemos que también es relativo.

En consecuencia, como decía mi profesor de Latín: “Cada palabra en su caso y cada tiempo en su persona”. O, como se suele decir, cada cosa a su tiempo. “Hay un tiempo para nacer, un tiempo para renacer, sobre todo en espíritu, un tiempo para morir, sobre todo también en espíritu y alma...” Sí, hay un tiempo para nacer, hay otro para renacer, para pensar y meditar, para recorrer la senda del conocimiento. Este tiempo llega en un momento dado de la existencia. Depende de la evolución individual. Personalmente, nadie me indujo a ello. Pero ese instante llamó a mi mente cuando tenía 30 años, por medio de unas investigaciones que, aparentemente, nada tenían que ver con el sentido del pensamiento más profundo. Hace ya 36 años. Naturalmente, como acelerador y catalizador, es útil un buen maestro. Un maestro de verdad. No uno de esos farsantes que cobran un buen dinero por sus patrañas.

El conocimiento es una infinita red en la cual cada nudo es una parcela del conocimiento. Todo consiste en intentar contestar preguntas que parecen incontestables. Por cada pregunta que parece contestada, surgen otras en progresión geométrica. La investigación, el estudio y el pensamiento deben ser una norma de vida. Porque el conocimiento total solamente es inherente a Dios. La omnisciencia. También aquí ópera la ley cósmica de la Tierra, la infinita sabiduría del equilibrio impuesta por el Creador, por el Sumo Hacedor, por el Gran Arquitecto, en suma por Dios y su infinita justicia.

Don Alberto Einstein al tratar de la relatividad cósmica, lo hizo tanto en las distancias como en el tiempo y propone una solución a ambas cosas.

En efecto, al exponer la teoría de las distancias cósmicas o astronómicas de la astrofísica, nos dice que, en el espacio sideral, existen unos plegamientos que atravesándolos se acortan las distancias hasta lo indecible y, por tanto, también el tiempo. Podemos usar el símil de atravesar una montaña con un túnel en la Tierra. En el caso sideral es como pasar a otra dimensión dentro de una nueva dimensión. Por supuesto estos conceptos escapan a la inteligencia humana. Sin embargo siguen siendo herramientas del Creador. Herramientas que, a no dudar, jamás podrá entender el ser humano y usar de forma corriente en esta existencia, hasta que no adquiera la sabiduría suficiente de la mano del Supremo Hacedor. Enseñanza que conlleva a  pensar en la supervivencia del hombre tras la muerte física en esta vida, en este plano existencial que le tocó ocupar.

Lo que no puede ni debe olvidar el hombre que es que “a Dios rogando y con el mazo dando”. Puso las herramientas para ser usadas en su evolución. Debe tener fe en Dios pero también en sí mismo. En la parte divina que lleva dentro. Recordemos el saludo oriental “Namaskar”. “Yo saludo a la divinidad que hay en ti”. La labor no es solamente del Creador. Aunque la creación debía ser permanente a través de los siglos, auxiliado por el hombre, éste se ha preocupado en destruir en lugar de construir o por lo menos conservar lo creado con amor y respeto. Amor que Dios derrochó en la creación. Ha roto el equilibrio entre espíritu y materia. Rompió el equilibrio pregonado por filósofos y matemáticos como Pitágoras. La mejor antesala de la filosofía son las matemáticas...

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